Hurgando en las personalidades del 2010
Tal vez sean muchos los que han tenido la oportunidad de escuchar, no sin ciertos aires de superioridad de quien así se exprese, que los costarricenses no son muy críticos ni objetivos a la hora de elegir a sus gobernantes ya que, por ejemplo, no leen los planes de gobierno antes de escoger a su candidato de predilecto.
No obstante, aquí hay mucha mentira envuelta que se debe poner al descubierto.
Primero, no se puede leer un plan de gobierno para discernir entre candidatos. No lo creo por el simple hecho que existe ya mucho consentimiento en cuáles son los principales males que aquejan a nuestro país (o al menos ya están condensados en nuestro imaginario colectivo). ¿Cuál candidato presidencial no va a clamar por incrementar el empleo y lo salarios reales de los costarricenses?; ¿quién no va a querer reducir la inflación a un dígito?; ¿quién no proclamará ser el abanderado de la justicia social además de limpiar las calles de nuestra creciente delincu
encia?
Segundo, los planes de gobierno carecen de trascendencia al haber una dificultad técnica para que se diga cómo se va a lograr lo prometido. Esta dificultad obedece primeramente a la ignorancia llana de los candidatos presidenciales sobre el teje y maneje de la presidencia, ¿cómo lo van a saber si nunca antes han ejercido el cargo –con la excepción del presidente ora en ejercicio y la posible candidatura de otro ex presidente? Entonces, lo que saben no dista en mucho de lo que cualquier persona podría saber o, en el peor de los casos, disfrazan su ignorancia con discursos procesados que vagan por el limbo, lugares comunes o simples refranes (técnica muy utilizada por dos de nuestros últimos 4 presidentes). Otra dificultad técnica es que sí raramente logran saber cómo van a implementar sus intenciones con buena dosis de realidad y pragmatismo, el plan de gobierno se volvería tan enormemente complejo que perdería su generalidad por lo que difícilmente podrá replicarse a menos que todos los factores involucrados permanezcan constantes desde el momento de su creación.
Tercero, existe evidentemente un beneficio electoral muy grande de prometer lo imposible en campaña mientras que no hay un incentivo par a cumplir con lo dicho ya una vez en ejercicio –se carecen de políticas de Estado a largo plazo (suprapartidarias) así como la existencia de una cultura de rendición de cuentas muy precoz en el sector público. Tales incentivos hacen mucho por que aparezcan candidatos cada vez más convincentes, demagógicos o con buena retórica pero hacen muy poco para que se cumpla con el plan de gobierno.
Ante estas circunstancias, ¿quién se animará a leer los planes de gobierno de los candidatos presidenciales del 2010? No niego que el rechazo de los costarricenses a leer los planes de gobierno guarde un paralelismo con el no querer leer los contratos legales antes de firmar o no leer la guía de usuarios de los aparatos prefiriendo travesear hasta entender, pero esto solo sería una razón más que se uniría a las anteriores tres para dar pie a entender que el costarricense –sino es que cualquier ciudadano- no va a seguir leyendo los planes de gobierno si las circunstancias no cambian.
Un amigo de la familia que evoco con gran cariño, el Padre Plaza, me dijo una vez, “no tenéis que leer a alguien para entenderlo, tenéis que estudiar ante todo su biografía”. Algo parecido nos dirían los psicoanalistas Freud o Fromm, puesto que en resumidas cuentas en los planes de gobierno solamente serán el resultado voluntario, superficial e intencionado de unos candidatos que desean mucho ser presidentes. Curiosamente, la forma en que miran, su modo de andar y la honestidad con que besan la cabeza de miles de niños nos dirán mucho más sobre su carácter, sobre sus buenas intenciones y sobre su voluntad para llevar a cabo lo prometido que simples palabras puestas en papel con buen uso de retórica.
Debido a que, sin dejar de lamentarlo, la carrera hacia la silla presidencial ya inició, los medios de comunicación, podrían investigar más sobre la biografía de los candidatos presidenciales, sin temor a descender al subjetivo terreno de la psicología pero librándonos de una vez y por todas de objetivos pero estériles mamotretos de papel que nos dicen nada sobre los resultados que arrojará nuestro próximo presidente.