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SeppmSun, 21 Sep 2008 18:37:26 +00002642008 19, 2008

El huevo vino primero.

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Su vida era una oda al esfuerzo. Parecía que dejaba a un lado las vanalidades del presente, porque estas siempre
están en el presente, para concentrarse en lo que en verdad importaba, que casi siempre tendría lugar en el futuro.
Pero todos sabemos que la importancia de algo es siempre relativo, ya que nadie puede decir con certeza que viene antes y que viene después.
Para él siempre estuvo claro, sin embargo, a pesar de lo relativo que era toda la cuestión, qué era lo importante en su vida
y esto lo hacía dueño de su destino, un destino labrado a base de lágrimas y sudor del presente.
Por eso le sorprendía que se discutiera que vino primero, si el huevo o la gallina.
No tenía ninguna duda de que primero vino el huevo.
Y pensaba precisamente en esto segundos antes de cobrar el penalti.
Aquí debemos hacer un parentesis para explicar unos detalles del fútbol. El penalti es la falta máxima
con que se castiga a un equipo y debe ser ejecutado a once pasos de la línea de gol. Solamente el guardameta y el tirador
median en el cobro de un penalti después del pitazo de ejecución. Y se dice que realmente es el tirador quien decide si el balón entra o sale, ya
que si este hace pleno uso de sus facultadades estará en un clara ventaja sobre el guardameta, quien en actitud pasiva tiene que adivinar
la caprichosa ruta de una pelota dentro de su enorme portería.
En el momento de la ejecución él se encontraba iluminado, si el huevo no vino primero será imposible que pueda cobrar existosamente el penalti
porque nunca antes lo había hecho. Es decir, solamente algo que no era gallina tuvo que haber engendrado la primera gallina o sino el nunca podrá
anotar un penalti cuando nunca antes lo había hecho.
Su filosofía tenía lógica pero el primer huevo nunca pensó en ser gallina y él no anotó el penalti.
 

SeppmFri, 19 Sep 2008 20:41:20 +00002622008 19, 2008

Aquí tienen dos cuentos..uno imaginado y el otro vivencial..adivien cual es cual

Archivado en: Uncategorized — mausot84 @ 18:36

La bellaza de inframundo

Archivado en: Uncategorized — mausot84 @ 18:36
La belleza del inframundo.
 
“Los países pobres son bellos”
 
 
Para él las cosas habían cambiado un poco desde ayer; al menos había cambiado su número de pertenencias.
 Sonreía al poner a calentar sus manos sobre la extinta llama e hizo un recuento mental de lo que poseía.
Siempre habían sido tres. Su vestimenta, como un todo, un amplia alforja y su fiel perro. Su vestimenta la llevaba siempre puesta e incluía
bastantes sacos, camisas y más sacos y camisas que le habían regalado en este caminar que no era otra cosa que su vida o en esta vida
que no era otra cosa que caminar. Para caminar ocupaba zapatos y estos también iban y venian.
La alforja cobraba vida e identidad solamente por las cosas que la llenaban; hoy era un alforja de pan duro, mañana podría ser
una alforja de queso y ayer fue una alforja de gallina y huevo. Pero si acaso estas se comparaban a su tercera pertenencia, y esta era el perro. No solo
le protegia del frío, al mantenerse abrazado a él en los helados crepúsculos, sino que evitaba que le robaran los zapatos y, por lo tanto, ralentizaba ese ir y venir de los mismos.
Pero algo importante había encontrado el día de ayer y decidió protegerlo en su alforja.
Sí, las manos frías no lograban borrarle su bella sonrisa.
Este es un mundo maravilloso.

SeppmWed, 17 Sep 2008 21:29:18 +00002602008 19, 2008

El hombre del Sombrero

Archivado en: Uncategorized — mausot84 @ 18:36

Dedicado a la bella región de Pejiballe, Turrialba.
Su caminar tenía cierta elegancia, a pesar de que iba vestido en harapos y con un viejo sombrero de paja de ala ancha.  Pero lo que más llamaba la atención no era su apariencia sino una misteriosa mirada, que no era de estos tiempos.  Había descendido al camino desde una montaña virginal e impenetrablemente verde. Llevaba un saco de gangoche vacío sobre uno de sus hombros para ser llenado con lo que posteriormente serviría para alimentarse él y sus cinco fieles caninos que le guardaban la espalda y vigilaban su paso a distancia.


Nos habíamos desorientado desde hacía media hora y en medio de la desazón no percibimos su presencia hasta que lo tuvimos cerca. Lo llamamos de forma impertinente, como solo aquellos con verdaderas ansias de llegar donde no se ha llegado lo pueden hacer. El hombre se acercó inmutable y nos señaló el camino con una precisión engañosa pero le hicimos caso.
“Eso sí –nos advirtió finalmente- tengan mucho cuidado de una cabeza de agua ya que ha estado lloviendo mucho en la montaña. Y recuerden, a las doce en punto llueve”.
El lugar era paradisiaco. Parecía que el agua fría y cristalina purificaba el alma además de quitar el calor del cuerpo.  Pero la fiesta fue suspendida por un crujir del cielo que anunciaba una tormenta. Cuando la primera gota cayó nadie pareció darse cuenta que las manecillas del reloj marcaban las doce, había que recoger las cosas y a las palabras de un viejo no se le hace mucho caso.
MAS, 15 de setiembre 2008

Sobre esos tres cuentos

Archivado en: Uncategorized — mausot84 @ 18:36

Quisiera terciar, y de buena fe, con mí colega columnista, don Walter Coto.

 En su fina reflexión, pone sobre el tapete algunos de los puntos más interesantes de la seguridad ciudadana.

 Sobre el primer cuento me parece que subyace una contradicción o, a lo sumo, una ambigüedad pero, al final, el lector verá que este escritor y yo compartimos la esencia del mensaje. Entremos a detalle:

 Estoy de acuerdo que el colectivo no es otra cosa que la suma de sus partes en el tanto que si no hay seguridad en el plano individual tampoco la habrá en la sociedad. Sin embargo, un costarricense que ha vivido en carne propia la inseguridad de seguro no entenderá a lo que se refiere el autor con “garantizarnos a si mismos, con buenas prácticas y métodos preventivos, nuestra propia seguridad”. Como verá el lector, esto puede contradecir o hacer ambigua la afirmación posterior de que la seguridad “es una función esencial del Estado, que justifica su existencia”.

 Entonces, ¿es un asunto mío o del Estado? Y si es a medias, ¿cómo se reparten las funciones?Muchos costarricenses saben con nombres y apellidos (o por medio de rostros y caras) quienes son los perpetradores del crimen. He escuchado muchas historias sobre barrios donde la gente conoce a la perfección sus criminales y, por su puesto, los tratan de evitar a toda costa. Cuando caen como sus víctimas, solo les queda la resignación como amparo.

 Me imagino que si caen muertos a manos de sus victimarios, estos fueron ineficaces en el uso de las buenas prácticas y métodos preventivos para garantizarse a sí mismos. Pero concordará conmigo el lector al preguntarse, ¿cuáles son estos métodos preventivos? Un método preventivo podría ser unirse con el resto de las víctimas y salir a la calle a asesinar a los criminales.

 Pero seguramente esto no será una buena práctica y, se entrometería en las potestades del Estado -que históricamente ha sido el único en potestad de matar legalmente, aunque en este gracias a Dios esta opción está prohibida. Entonces, sin complicarnos más, un método preventivo y buena práctica sería denunciar con anticipación a los criminales en los juzgados pertinentes. Pero se olvida el autor que la mayoría de crímenes no se denuncian por miedo a las represalias o porque los angurrientos trámites de denuncia generalmente no llevan a nada. Entonces, seguimos sin métodos preventivos y buenas prácticas.

 Otra posibilidad sería tomar clases de defensa personal, portar armar, resguardar nuestras casas. Pero aquí se abren nuevas dificultades. La primera, no todos tienen los recursos financieros para introducir en su vida estos mecanismos de auto-preservación que en muchos casos son bastantes costosos. Y, en segundo lugar pero quizás más importante, el pueblo costarricense efectivamente ha invertido en su propia seguridad en los últimos años mas esto no ha llevado a ¡nada! ya que la inseguridad ha venido aumentado, en lugar de disminuir, mientras que paralelamente se hacían más impenetrables nuestras viviendas, más personas contrataban servicios de seguridad privada y hasta el Estado invertía en más y más policías. Esta disyuntiva, de gastar más en seguridad y obtener menos de ella, se resume en la histórica frase “¿y quién cuida los custodios?”

 Decir que yo como individuo me debo garantizar mi propia seguridad es una falacia por el simple hecho de que los criminales pueden cumplir con este precepto. ¿Quién mejor que un criminal para cuidarse a sí mismo? ¿Será que toda la sociedad deberá criminalizarse para poder garantizar su existencia? Claramente esto es un error y en países en que el Estado se ha vuelto un criminal legalizado, como en El Salvador y Honduras donde se atropellan todos los derechos humanos, la criminalidad ha aumentado en lugar de disminuir.

 Al finalizar esta reflexión, el lector tiene que caer en cuenta lo que comparto con don Walter Coto. La seguridad es una responsabilidad de cada uno de nosotros pero también es una responsabilidad de los criminales. A veces nos olvidamos que los criminales son seres humanos que responden a un cuerpo, una mente y un espíritu. Se nos olvidan sus pupilas rojas y dilatadas cuando nos encañonan y empezamos a hablar del crimen como si fuera un bicho amorfo invencible.

 Yo estoy seguro que la criminalidad en este país se puede vencer y he desarrollado una hipótesis a través de varios de mis artículos en donde intuyo que el consumismo -mucho más que la desigualdad en la distribución del ingreso- es un factor determinante de la delincuencia por cuanto ha deteriorado nuestros valores más fundamentales como sociedad. Pero no muchos quieren mirar ahí porque sería tirar piedras teniendo un techo de vidrio ya que, después de todo, ¿quién no ha gozado de las mieles de la sociedad consumista en que vivimos? Este tema lo desarrollaré a profundidad en otro artículo.

De nuevo hago un llamado a la reflexión sobre el país que queremos y les deseo a todos los lectores de El Azucarero una feliz fiesta patria este 15 de setiembre.

 

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